En el autobús una anciana hablaba de que había perdido a su padre y a su madre, que era lo más grande.

Durante todo el camino decía cosas incoherentes, como que tenía la mano lastimada y no había podido conducir su coche, etc, pero también decía una gran verdad, que estaba sola, que la gente se le acercaba por el dinero, y que había hechado en falta algún collar y sortija.

Por los comentarios de los demás, la pobre se había equivocado de parada y tenía que dar toda la vuelta. Así que cuando me iba a bajar me acerqué al chofer y le dije:

-          Disculpe, ¿podría avisar a esa mujer cuando llegue a la plaza?.

-          No, ese no es mi trabajo.

-          Me hago cargo de que no es su trabajo, pero la pobre está desorientada y se puede perder…

-          Este no es mi trabajo, yo no tengo por que esta pendiente de toda la gente que está tirada en la calle y bla bla.

Así que no discutí con el chofer y que le indiqué a la anciana que otro autobús la dejaría cerca. Me dijo que le daba miedo estar sola en la parada y le dije que me quedaría con ella. Entonces me dijo: Menos mal que Dios te ha puesto en mi camino.

No hace falta deciros que las lágrimas comenzaron a brotar.  Y yo digo: ¿Es esta Navidad la que a la gente le gusta? No hay humanidad.

Ayuda a todo aquel que lo necesite porque recuerda que podría ser tu abuela, tu madre, o tu hermano, y lo más importante, recuerda que te puede pasar a ti, que las enfermedades no tienen edad y que quizás algún día te encuentres en una calle que no conozca y te gustaría que alguien te ayudase.

Deja un comentario